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  • Foto del escritorFelisa García Sánchez

YAMAS (Satya)

Satya. Veracidad, no mentir. Ay amigos, lo que nos cuesta esto. Se trata de ser lo más honesto que se pueda, sin confundir, claro está, sinceridad con falta de respeto. Date cuenta de qué pretendes cuando mientes, y por qué te asusta decir la verdad (sí, detrás de la mentira hay miedo). ¿A quién quieres engañar y por qué? O mejor aún, ¿para qué? Hablamos también de la coherencia interna: ¿están alineados tus sentimientos,  tus motivaciones, tus palabras y tus actos?


La verdad de cada ser es aquello que no cambia. Todo lo sujeto a cambio es un estado, no una verdad. Tampoco es algo falso, pero no es auténtico. Lo auténtico de cada persona surge de su propia esencia y se expresa en sus dones, aquello que cada ente o individuo aporta simplemente por ser.

Decir, por lo tanto, esta persona es así o asá no puede ser verdad. Como mucho podremos hablar de su estado. Tampoco podemos decir soy así o asá, pues el ser solo puede manifestarse, pero no explicarse. Entonces, ¿cómo llegar a conocernos?


La práctica del Yoga insta a satya, la verdad, como aspiración que conduce al conocimiento del Sí mismo. Es un proceso continuo y sin fin de discernimiento entre lo sujeto a cambio y lo que brota de lo esencial. Cada vez que logramos ese discernimiento, nos aproximamos a lo que de verdad somos. De esta manera ejercitamos satya.


En la esterilla, la práctica se basa en la eliminación de obstáculos psíquicos, físicos y energéticos que impiden emerger lo que es. También proporciona un soporte, el asana, para aquietar el campo de fluctuaciones y permitir momentos de silencio y de claridad, donde lo que es surge de forma espontánea.


En esos momentos de quietud, donde el tiempo inmediato parece abolirse, o al menos ralentizarse, quien practica se encuentra con su centro, ese espacio no definible pero en el que podemos reconocernos más allá de los estados y cambios. Ese centro está ahí siempre. Pero no siempre nos encontramos en él. Lo que sale del centro, sabe a auténtico, sabe a verdad. En esos momentos de quietud, nada hay para decir. Porque lo más cercano a satya es el silencio.



Fuente: www.yogaenred.com

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