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  • Foto del escritorFelisa García Sánchez

ASANA, PRANAYAMA Y PRATYAHARA

Siéntate con el tronco y la cabeza erguidos. Puedes hacerlo en el suelo sobre un cojín o en una silla o taburete. Relájate sin perder la posición erecta. Cierra apaciblemente los ojos. Conecta con la postura y evita tensiones. Esto es ASANA.

Pausa la respiración. Trata de equilibrar la inhalación y la exhalación. Alárgalas y ralentízalas un poco. El aire viene y el aire parte y tú te dejas tomar y tranquilizar por su movimiento. Esto es PRANAYAMA natural.

Interioriza la mente, desconéctala de las actividades cotidianas. Adéntrate en ti mismo, haciendo caso omiso a la actividad de los sentidos. No pienses, no analices, no reflexiones. Esto es PRATYAHARA.


Permanece unos minutos en ti mismo, en apacible introspección, sereno, en la frecuencia de onda meditacional, aquí y ahora. Los pensamientos, si se producen, vienen y parten como nubes que no te arrastran. Tu cuerpo es como una fortaleza inexpugnable, tu respiración es apacible como el vuelo de un ave, tu mente se ha establecido en su propia fuente, en la raíz del pensamiento, clara y serena.


Asana, pranayama, pratyahara están a tu disposición. El secreto está en parar, para desconectar de todo y poder conectar contigo mismo. Haz de ello costumbre. Y así incluso en la vida cotidiana, podrás mantenerte centrado en tu ser y sosegado.

Nada hay que pague un instante de paz. Disponemos de una válida psicotecnología para conseguirlo, pero tenemos que ponerla en práctica. Se trata de un legado invalorable.


Fuente: Ramiro Calle

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